Fructífera Perseverancia
Rogelio Rodríguez Muñoz, Editor
“La perseverancia trae buena fortuna”. I Ching.
¿Qué diferencia a las personas exitosas de aquellas que no lo son? No que a las primeras se les ocurran ideas geniales, de las que se ven impedidas las segundas, sino por la perseverancia que los exitosos aplican en todas las actividades que emprenden. Una voluntad decidida los hace trabajar con ahínco, sin descanso, salvando obstáculos, sorteando dificultades, tolerando frustraciones, hasta llegar a la meta deseada.
Una buena manifestación de lo que logra la perseverancia se refleja en el terreno de la ciencia. Por ejemplo, los grandes descubrimientos de figuras como Newton, Darwin, Fleming, Einstein y tantos otros. Cuando los estudiamos en los manuales de historia de la ciencia, da la impresión de que estos genios tuvieron un día una notable inspiración y que al día siguiente produjeron, de inmediato, una teoría redonda o dieron con la solución del problema lista y empaquetada. Sin embargo, lo que estos libros no nos muestran es el fatigoso sendero, el largo y sufrido proceso de la investigación que estos científicos tuvieron que experimentar. Muchas veces tropezaron con duros obstáculos, muchas veces llegaron a callejones sin salida y debieron rehacer el camino, muchas veces tuvieron que enfrentar retos que ponían a prueba su paciencia. Detrás de cada logro prestigioso hay horas, días, meses y años de trabajo y trabajo sin tregua. Estos genios consiguieron resultados gracias a su firme determinación y su dedicación constante. De aquí frases célebres como “El genio es una larga paciencia” o “La creatividad científica es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”.
Ciertamente, quienes poseen una inteligencia más brillante o una intuición más aguda tienen mayores posibilidades de alcanzar resultados importantes. Pero aun los que tienen estas favorables dotes naturales no pueden eludir la necesidad de trabajar sistemáticamente con esfuerzo y tenacidad en lo que emprenden, pues este trabajo es lo único que garantiza un rendimiento provechoso.
En la mayoría de las ocasiones el éxito no acontece de manera súbita ni por casualidad, sino luego de una obstinada búsqueda por senderos escarpados. Hacer falta ir amontonando leña (o sea, laborar sin descanso) para que luego surja la chispa que la encienda y se produzca la luz. “La casualidad favorece a las mentes preparadas”, se ha dicho también. Pero eso significa que hay que preparar la mente. La chispa del ingenio tiene que tener algo donde encender.
Lo que hemos dicho de la investigación científica puede aplicarse a toda actividad humana. Cualquiera sea la naturaleza de la faena emprendida, es la perseverancia la que conducirá a cosechar los frutos. Pese a las dificultades que se encuentren, no hay que perder la confianza en uno mismo ni la seguridad en el valor de lo que se está haciendo. Esta certidumbre en nuestras capacidades y en lo que uno emprende lleva a la persistencia más allá de los reveses. Los obstáculos deben espolear el ánimo y verse únicamente como desafíos por vencer.