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Filosofía

Publicado por Citerior Mayo 29, 2026

Filosofía Crítica Rebelde en Chile

Profesor Rogelio Rodríguez Muñoz

Gracias al trabajo editorial de la Universidad Diego Portales, en su colección Pensamiento Contemporáneo, contamos hoy con la traducción al español del libro REBELDES ACADÉMICOS. LA FILOSOFÍA CHILENA DESDE LA INDEPENDENCIA HASTA 1989 que su autor, Iván Jaksic –estudiante de Filosofía en la Universidad de Chile en la década de los ’70, posteriormente doctorado en Estados Unidos en Historia de las Ideas y actualmente Director del Bing Overseas Studies Program en Santiago de Chile de la Universidad de Stanford–, publicó originalmente en inglés en 1989 (State University of New York Press, Albany).  La censura, primero, y la desidia de nuestro medio intelectual, después, retardaron su publicación en español hasta ahora y, seguramente, nos han privado de conocer muchos otros valiosos estudios como este, escritos en otros idiomas.  Afortunadamente, la tarea editorial que se produce en algunas universidades privadas de nuestro país permite cierta labor de rescate.

Este libro consta de seis capítulos, una conclusión y una amplia bibliografía.  Jaksic inicia su examen de las ideas filosóficas en boga en Chile inmediatamente después de nuestra independencia:  Egaña, Varas, Marín, Mora, Bello y Briseño son las figuras que destacan e influyen en la cultura y la intelectualidad en este periodo que va desde 1810 hasta 1865. El segundo capítulo trata de la “era del positivismo” que cubre de 1865 a 1920:  Lastarria, Lagarrigue y Letelier son los nombres que se asocian a este periodo.  El tercer capítulo examina los años que van de 1920 a 1950 y Jaksic menciona aquí como “fundadores de la filosofía chilena” a pensadores como Molina, Finlayson, Loyola y Millas.  El cuarto capítulo incursiona en “la institucionalización y la crítica del profesionalismo filosófico” (1950 – 1968), destacando a maestros como Rivano, Schwartzmann, Giannini, Gómez Lasa y Vial. El quinto capítulo trata sobre el rol ejercido por la filosofía en el movimiento de Reforma Universitaria (1960 – 1973).  Finalmente, en el sexto capítulo, Jaksic analiza las vicisitudes del pensamiento filosófico chileno bajo el régimen militar, cubriendo entre los años 1973 y 1989.

Como puede apreciarse, esta obra traza un muy completo recorrido por la senda de la filosofía chilena y la enfoca desde una vasta perspectiva que combina los planos de lo histórico, lo social, lo cultural y lo político.

Nuestro autor no entra en el juego –entre fundado y retórico– de preguntarse por la existencia de una “filosofía chilena”.  Muchos autores, partiendo de esta interrogante, no pasan de ahí y nos quedamos sorprendidos, al final de la lectura de sus textos, del porqué de tanto esfuerzo y tanta palabrería en torno de una cuestión de la que ni siquiera están seguros de si existe o no.  Jaksic toma el toro por los cuernos: hay una trayectoria que han hecho las ideas en nuestro país, hay instituciones educacionales instaladas donde la filosofía ha tomado cuerpo y ejercida influencia, hay pensadores con sus obras, sus escuelas y sus contiendas. Todo ello es “pensamiento filosófico chileno”, sustancia intelectual digna de ser investigada y evaluada, y que no puede ser dejada livianamente de lado con el sospechoso expediente de empezar a preguntarse si hay o no filosofía chilena, o con el argumento –habitual también, pero pedante y un tanto ridículo, para decirlo diplomáticamente– que la rechaza porque no se asemeja al pensamiento importado de la Grecia antigua o de Alemania.

Jaksic, justamente, acuña una clave que permite identificar, y seguir en sus desarrollos e influencias, a las dos posturas intelectuales que, en torno del asunto que mencionábamos en el párrafo anterior –la posibilidad de la existencia de una filosofía propia, articulada sin sujeciones gratuitas o vasallas a las tradiciones europeas–, pugnan prácticamente desde los inicios en la historia del pensamiento nacional.  Jaksic distingue, así, entre los “filósofos profesionalistas” y los “filósofos críticos”.

Los primeros son los cultivadores de la “philosophia perennis”, del pensamiento puro y de sus relaciones con la Historia y la Tradición de Occidente (así, todo con mayúsculas).  Y es necesario y útil que haya pensadores de este tipo, en la medida en que no solamente enseñen, sino que, además, trabajen una sabiduría tal y la proyecten instructivamente en sus obras.

Los segundos son académicos rebeldes, pensadores para los cuales la filosofía no debe encerrarse en torres de marfil, sino salir a la calle a nutrirse de vivencias y experiencias propias, de situaciones sociales, políticas y culturales, y a decir una palabra necesaria sobre problemas centrales y contingentes del lugar y de la época.  Mientras los profesionalistas abogan por la universalidad de su disciplina, los filósofos críticos hacen su labor ubicándose en su medio, buscando las implicancias prácticas de sus reflexiones.  Mientras los profesionalistas defienden la intemporalidad del pensamiento filosófico, los críticos analizan ideas contemporáneas, se abren a planteamientos nuevos e incursionan (indagando afanosamente en pos de diferentes claves para entender la realidad) en campos ajenos a la filosofía misma como, por ejemplo, la literatura y las ciencias humanas en general.  Los filósofos críticos, estos rebeldes pensadores que comprometen social y políticamente su disciplina, son –ni qué decirlo– imprescindibles para el progreso social y cultural de la nación.

Un cuadro vivo y dramático de la irrupción del poder militar en nuestros ambientes académicos e intelectuales, desde 1973 en adelante, se ofrece en el último capítulo del libro de Jaksic.   Aquí las cosas ocurrieron no solo con el pensamiento, sino que también con los pensadores mismos.  En primer lugar, los académicos rebeldes probaron en carne propia los riesgos del pensamiento crítico: persecución, desalojo de las universidades, prisión y exilio.  En segundo lugar, por la índole misma de los hechos, algunos filósofos profesionalistas tuvieron que salir a la arena y convertirse, momentáneamente, en críticos.  En tercer lugar, apareció una nueva clase de filósofos que nuestro autor nombra “oficialistas”: aquellos que vinieron a aplaudir todo lo obrado por la dictadura militar y a apoyarla ideológicamente.

Irrefutablemente, esta obra de Iván Jaksic es una fuente de orientación y referencia de la que ya no podrán prescindir las futuras investigaciones sobre nuestro pensamiento y nuestra cultura.