Religión y espiritualidad en la sociedad moderna: transformaciones, tensiones y recomposiciones
La espiritualidad no se reduce a una creencia religiosa, sino a la apertura del ser humano al sentido último de la existencia.
Jorge Cárdenas Brito. Escritor, Psiquiatra, Pastor Presbiteriano
Durante mucho tiempo, la modernidad fue interpretada como un proceso irreversible de secularización que conduciría a la desaparición progresiva de la religión. Sin embargo, las sociedades contemporáneas muestran un escenario mucho más complejo: mientras la religión institucional declina en muchos contextos occidentales, al mismo tiempo en otros lugares crece. Se observan nuevas espiritualidades, recomposiciones religiosas e incluso búsquedas de retorno a formas tradicionales ancestrales. Aunque a veces no son más que puestas en escena, igualmente manifiestan la búsqueda y exploración de alternativas.
Intentamos ahora un análisis conceptual y descriptivo de estos procesos, sin presuponer una perspectiva confesional o apologética. [3].
Modernidad, secularización y globalización
La sociedad moderna, consolidada históricamente entre los siglos XVIII y XIX, se caracteriza por la centralidad de la razón, la racionalidad científica, el individualismo y la idea de progreso. La teoría de la secularización predijo una progresiva marginación de la religión; sin embargo, la globalización ha producido nuevas configuraciones en las que coexisten elementos tradicionales, modernos y posmodernos. [3]. Producto de la globalización, la espiritualidad y la religión experimentan el mismo proceso de coexistencia de formas y experiencias diversas.
Religión y espiritualidad: distinciones conceptuales
Desde un punto de vista analítico, religión y espiritualidad no deben ser tratadas como fenómenos idénticos. La religión se refiere principalmente a sistemas institucionalizados de creencias, símbolos y prácticas, mientras que la espiritualidad designa la dimensión experiencial y existencial relacionada con el sentido, la trascendencia y las preocupaciones últimas de la vida. En la modernidad tardía, la disociación entre ambas dimensiones se hace cada vez más visible. [12].
Algunos autores proponen una definición restringida de espiritualidad, distinguiéndola de otros ámbitos como el humanismo, los valores, la moral o la salud mental por su referencia específica a lo que se percibe como sagrado o trascendente. [12].
El mismo autor advierte sobre el riesgo de contaminación conceptual en la investigación empírica, señalando que la espiritualidad ha sido medida con frecuencia mediante indicadores religiosos o, alternativamente, mediante indicadores de salud mental, produciendo resultados tautológicos. Por esta razón, propone que en ciertos contextos se utilice de manera operativa el conjunto religión/espiritualidad (R/S). [12].
En contraste, definiciones más amplias entienden la espiritualidad como una dimensión que incluye no solo la referencia a la trascendencia o a lo divino, sino también experiencias de conectividad (con los otros, con la naturaleza) y la orientación por valores fundamentales (por ejemplo, la justicia), exista o no una adscripción religiosa explícita. En este contexto, el término “sagrado” no se refiere exclusivamente a Dios o a un poder superior, sino también a otros aspectos de la vida percibidos como portadores de sentido último y utilizados por las personas para afrontar los dilemas y ansiedades de la existencia. [2,4,11].
En esta misma línea, y a modo de compartir un ejemplo valioso de una definición amplia, dado que existen muchas y varias maneras de concretarlas, Víctor Frankl ofrece una comprensión amplia y antropológica de la espiritualidad centrada en la dimensión del ser humano y la orientación al sentido.
Para Frankl, lo específicamente humano se juega en la capacidad de trascender las condiciones dadas y de responder al sentido de la propia existencia, aun en las situaciones más extremas. La espiritualidad no se reduce a una creencia religiosa, sino a la apertura del ser humano al sentido último de la existencia. El valor último es la libertad de elegir su actitud (logoterapia). Esta perspectiva ha sido desarrollada, entre otros lugares, en ‘El hombre en busca de sentido’ y en ‘La presencia ignorada de Dios’ [13,14].
Desinstitucionalización, individualización e hibridación
Uno de los procesos contemporáneos más significativos es la desinstitucionalización, la salida masiva desde las instituciones religiosas. No le ocurre solo al cristianismo, también al budismo y otras expresiones religiosas institucionales. La pregunta es porqué salen y a dónde van los miles que salen.
La mayoría a ninguna parte. Otros migran a otras formas institucionales.
Los individuos se distancian de las instituciones religiosas sin abandonar necesariamente sus preocupaciones espirituales. Al mismo tiempo, la espiritualidad se vuelve cada vez más individualizada y subjetivada. La circulación cultural global favorece formas híbridas y sincréticas de creencia, que combinan elementos de distintas tradiciones. [3]. Ejemplo: un budismo occidentalizado o un cristianismo con prácticas budistas adaptadas.
De este proceso no solo dan cuenta los problemas conocidos de fallas en la protección de los fieles de los abusos del liderazgo, o la falta de transparencia y responsabilidad, especialmente en el manejo de los recursos. También ocurre que muchas comunidades eclesiásticas tradicionales institucionales (del estado) han llegado a ser meras instituciones administradoras de ciertos recursos simbólicos, que solo tienen la función de representar algunas propuestas de lo que se considera socialmente adecuado o inadecuado.
Otras solamente son reproductoras de los cambios que se producen en la sociedad en la que se encuentran; solo se acomodan, no tienen nada diferente que aportar y ofrecen lo mismo que se puede encontrar fuera de ellas.
Así, el fenómeno masivo de migración de los creyentes fuera de las instituciones o del cambio de una a otra es complejo y no tenemos espacio para un análisis más extenso y comprehensivo.
Contra movimientos: retorno a la tradición y comunidades fuertes
Paradójicamente, la modernidad tardía también es testigo de contra movimientos hacia formas de religiosidad más tradicionales, ritualmente exigentes, con importante predominio de lo simbólico, clara identidad, larga tradición, consistencia histórica, y normativamente estrictas. Se constata en el crecimiento de iglesias ortodoxas y el desplazamiento en algunos sectores hacia la iglesia católica.
Se suma a estos movimientos la estabilidad y sorprendente crecimiento de comunidades como los Amish, no por la incorporación de nuevos adherentes, sino por su renovada capacidad de retener a la juventud. En algunas sociedades altamente secularizadas se observa una incipiente búsqueda de vivir la espiritualidad fuera del contexto secularizado sin intención de establecer comunidades.
Sin embargo, le necesidad de compartir la experiencia parece estar confluyendo lentamente y en forma espontánea hacia la formación de comunidades que comparten la misma búsqueda espiritual y un proceso migratorio por las mismas razones y búsquedas hacia el espacio rural.
Estos procesos ilustran el incipiente y creciente atractivo social y existencial actual de sistemas simbólicos fuertes y de formas de vida claramente estructuradas. [3].
Religión, espiritualidad y ciencias de la salud
En las últimas décadas, la medicina, la psicología y la psiquiatría han mostrado un renovado interés por la religión y la espiritualidad como dimensiones relevantes de la salud humana. La investigación empírica sugiere que las creencias, los valores y los sistemas de sentido influyen en las estrategias de afrontamiento, la resiliencia y los resultados clínicos (en sentido positivo o negativo).
Campos emergentes como la neuroteología intentan explorar los correlatos neuronales de la experiencia religiosa. [1,2,4,7,8,10]. Su dialogo con la teología, la pastoral y la búsqueda espiritual y religiosa seguro dará lugar a nuevos desarrollos de la espiritualidad y la práctica, como lo ha sido el fructífero diálogo con las diversas áreas de la psicología.
Conclusión
La religión y la espiritualidad en las sociedades modernas no pueden comprenderse adecuadamente mediante una simple narrativa del declive. Lo que observamos es un campo complejo de transformaciones, recomposiciones y tensiones. La pluralidad contemporánea de formas espirituales y religiosas refleja la complejidad estructural y cultural de la modernidad tardía. [3,2].
Referencias
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- Huguelet P, Koenig H. Religion and Spirituality in Psychiatry. Cambridge: Cambridge University Press; 2009.
- Verhagen P. Religion and Psychiatry: Beyond Boundaries. Chichester: Wiley-Blackwell; 2010.
- Koenig HG, King DE, Carson VB. Handbook of Religion and Health. 2nd ed. New York: Oxford University Press; 2012.
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- Frankl VE. El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder; 2004.
- Frankl VE. La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión. Barcelona: Herder; 2001.