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Editorial

Publicado por Citerior Noviembre 24, 2018

El solsticio y la oscuridad

            El solsticio y la oscuridad

                                                                Paulino Ramírez Quintana

                                                             Director Editor Portal Citerior

Técnicamente,  el astro Sol se pone en posición vertical directa sobre el Trópico de Cáncer, desde su mayor distancia posible dentro de la órbita elíptica que traza la Tierra en su entorno, configurando el fenómeno astronómico llamado “solsticio” y que sirve en términos prácticos para el cambio de estación: en el Hemisferio Sur entramos al Invierno y en contraposición, en el Hemisferio Norte comienza el Verano.

Observado desde la Tierra, queda la impresión que el Sol “ se detiene” al llegar al borde de la cintura ecuatorial de la veleidosa Tierra, la controla por unos instantes cósmicos entre sus abrazadores rayos de fuego, le hace dar una pirueta mágica y la desliza suavemente en dirección contraria, iniciando ésta  el retorno lento al Trópico de Capricornio. Como en un paso de baile majestuoso, al ritmo del tango.

Queda claro que la existencia de los solsticios está provocada por la inclinación del eje de la Tierra sobre el plano de su órbita y que es ella la que se mueve y no el astro rey. Como en el tango arrabalero.

El solsticio de invierno, por lo tanto,  corresponde al instante en que la posición del Sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular negativa del ecuador celeste.

En la consecuencia práctica, el día del solsticio de junio pasado tuvimos la noche más larga ( o la más oscura si se prefiere) del año en nuestro Hemisferio . En el trópico de Capricornio, el Sol sólo estuvo  10,6 horas sobre el horizonte y en el Polo Sur sencillamente no alumbró. Sólo hubo  tinieblas.

Tinieblas.

Efectivamente. En rigor, la cuestión de sí la luz está compuesta por partículas, o por ondas, o por ambas cosas: o de si la gravedad del espacio recorrido por ella es curvo o plano, es una entelequia que enfrentó las genialidades de Newton y Einstein en su tiempo, y que  alteraron para siempre los paradigmas de la física teórica en  la historia de la humanidad.

Aunque habría que precisar desde el comienzo que más que la traslación planetaria de la Tierra y su efecto gravitacional, lo que interesaba e interesa  es el fenómeno físico  que produce, y que sí tiene que ver directamente con la sustancia que anima la razón de ser y existir de la humanidad: la fulguración de la luz.

En general, todas las civilizaciones antiguas hicieron del Sol su gran padre protector y le atribuyeron cualidades divinas al entenderlo como fuente única de energía, sin la cual,  la especie humana habría desaparecido.

Es la estrella fulgurante más cercana a nosotros,- unos 400 mil millones de kilómetros,- y si establecemos que la luz  viaja a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo, su incandescencia termonuclear  transformada en luz se demora algo así como 8 minutos en alumbrar la Tierra.

Esta, la Tierra, como en el tango arrabalero, danza y gira alrededor de la luz en una loca dependencia vivencial. Ahora, hoy, el planeta se encuentra a su mayor distancia y por ello la luz le llega sólo a girones, a retazos.

En general, la luz es uno de los más antiguos símbolos y lo encontramos presente, tanto en las religiones como en el Arte. En las religiones antiguas, el dios de la Luz siempre ocupaba un lugar preponderante.

El fenómeno del solsticio, un fenómeno astronómico por cierto, nos debe hacer reflexionar sobre la realidad física que nos rodea. En rigor, la oscuridad, no existe.

Es mera ausencia de luz. Así como el frío no existe; es sólo ausencia de calor. Por lo tanto, la lejanía temporal de la luz provocada por la elíptica solsticial nos debiera conducir a un viaje al centro de nosotros mismos, al interior de nuestras verdades y falsedades, en pos del gran secreto de nuestra existencia.

El viejo Hermes Trimegisto,- el filósofo alquimista de la antigüedad, ya lo avizoró con propiedad: como es arriba, es abajo.

Arriba, en la inmensidad del Cosmos, ante el destello del universo que conocemos, inmerso en los infinitos multiversos que no conocemos; en medio de las millones y millones de  galaxias alumbradas por millones de soles alumbrando y explosionando todo, en un torbellino de constelaciones que emergen , colisionan y  se desintegran al compás de un rito ordenado y desconocido, transita nuestro Sol por los senderos que le han sido designados, y alumbra su luz bienhechora  sobre el esquivo  planeta Tierra.

Abajo, nosotros, arrinconados por un microorganismo que expande su letalidad a diestra y siniestra, aprovechando la lejanía del astro rey.