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Publicado por Citerior Marzo 25, 2024

Hablemos de la  POLÍTICA

 Edgardo Hidalgo Callejas, Editor

Un político debe tener valores tales como: ser veraz, sincero, buscar el bien común, sentido de servicio público, sensible al dolor ajeno. La gran crítica y desprestigio que tienen los políticos se debe a que sus ambiciones personales están primero y sólo se valen de la política para escalar y acumular riqueza.

La filosofía y la ética como pilares de la política representan, en el fondo, la manera como el pensamiento humano se ha ido organizando y estructurando para terminar en un producto operacional: los partidos políticos.

Fue la filosofía quién dio, en su ejercicio de razonar, los primeros pasos hacia un pensamiento político que conformara un Estado jurídico. Así, analizaremos en las siguientes páginas como contribuyeron Sócrates, Platón y Aristóteles a dar origen a una filosofía de la política. Luego vinieron otros pensadores de nuestra cultura occidental para llegar al Renacimiento y luego los pensadores que tuvieron directa participación intelectual en lo que fue la revolución francesa, para así continuar con otros más en la historia contemporánea.

Se relaciona el pensamiento filosófico con la ética y la moral, y dentro de éstas la Teoría de los Valores y su directa relación con las bases ideológicas de las emergentes corrientes políticas. Temas como el poder y la subordinación merecen una breve consideración también.

Es importante plantear los 3 tipos y niveles de responsabilidad ciudadana, por tanto, política, que le compete a una sociedad organizada; todo ello porque la filosofía, la ética y los valores no sólo deben ser un ejercicio del razonar del homo sapiens, sino que todo ello debe ser vaciado a una organización operacional en la conducción del estado: los partidos políticos y las organizaciones ciudadanas. (Carta magna, leyes, reglamentos, etc.)

Empecemos con la filosofía y la ética como pilares de la política.

La filosofía, como ciencia del razonar, ha sido la base para formar las corrientes políticas, a través de la historia. Por ello fueron filósofos los primeros que acuñaron, la palabra Política (siglo VI a.C.).

De Aristóteles es la famosa frase “el hombre es un animal político por naturaleza” (de su libro Política).

Platón había trazado ya, en “la República” la relación del hombre con el Estado. “La República” es una obra clásica de Platón (475 A.C.) en cuanto a filosofía política y ética.

Tanto Aristóteles como Platón partían de una idea ética básica: “el fin último del Estado es servir al hombre para que éste logre la máxima felicidad”. El hombre para que logre la anhelada felicidad, necesariamente debe integrarse en una estructura que cubra sus necesidades económicas, sociales, y otras. Esta estructura “Estado” debe regirse por principios éticos de justicia, equidad, libertad, etc. Así, ética y política se amalgaman en un todo coherente que es el “pensamiento”, o corriente filosófica, que da las teóricas básicas para el ejercicio del hacer del estado.

Según los analistas institucionales seguidores de Freud, establecieron que en toda comunidad organizada se dan 3 componentes básicos:

  • Una estructura libidinal equivalente al afecto existente entre los miembros del grupo.
  • Una organización coercitiva, o sea, las leyes que regulan ese afecto.
  • Una ideología, o sublimación de los instintos que contribuye a dar cohesión al conjunto.

Todo análisis del hombre como “animal político” debe conducirse atendiendo tanto a sus motivaciones económicas como a sus necesidades afectivas, generadoras todas ellas de la ideología que en definitiva da coherencia a sus necesidades.

Cualquier ideología política tendrá su base en razonamientos filosóficos. Así se considera a Sócrates el padre de la filosofía política occidental: “El hombre no tiene derecho a infringir las leyes de sus polis” (Critón). Sócrates estudió las relaciones sociales y su consecuencia política. También Platón opinaba sobre la necesidad de obedecer estrictamente a la “polis”, “siendo ésta la comunidad a la que pertenece por decisión libre, pero que debe respetar en sus leyes, así estarán ligados y obligados a la obediencia”.

Aristóteles (“La política”). “Si el estado es el objeto de la política, entonces es necesario estudiar e individualizar los elementos que conforman las diferentes partes de ese Estado”. Así lo hizo y en sus escritos se refiere a la “Soberanía”, la teoría de las revoluciones, formas de gobierno, etc.

Maquiavelo en su obra “El príncipe” (1513) se pone en el reverso de la política sustentada en valores morales. Para él mantener el poder del Estado está por encima del bien y del mal personal de sus individuos. Por ello, Maquiavelo dice “el fin (o sea el Estado) justifica los medios”. Prescindiendo de la moral, o más bien está sojuzgada al poder del Estado.

Otros pensadores, como por ejemplo Thomas Hobbes (1588 1679, en Leviatán). John Locke, Montesquieu y su libertad política, Rousseau (el pueblo es el poder), Carl Marx, y tantos otros van delineando ideas sobre como la sociedad (o la nación en un plano mayor), deben organizarse para formar el Estado. Son corrientes filosóficas que a su tiempo formaron la base ideológica para operar como corrientes políticas.

No podemos dejar de mencionar a Edmund Husserl, (1859 a 1938) por ser el primer fenomenólogo y las vivencias del hombre dentro de su cotidianeidad y cómo nos vamos llenando de experiencias; obviamente esto incluye la participación en los hechos políticos, entre otros.

 Otro aporte de la filosofía son los valores, porque toda ideología política tiene que basarse en valores deseable de los ciudadanos para con la sociedad en que vive y se desenvuelve y que los políticos, obviamente, deben representar y defender. Para Max Scheler (alemán,1874-1928) los valores son invariables y eternos, son “cualidades”. Scheler piensa que el valor no se agota con ese valer. Los valores tienen propiedades:

1.- Polaridad -uno positivo y otro negativo-, y son relativos, sin embargo, en los bienes es donde únicamente los valores se hacen reales. La polaridad es objetiva, existe independientes del yo.)

 2.- Jerarquía: los valores en su mutua relación tienen jerarquía (escala de valores); esta es mayor según si se cumplen algunas condiciones, como por ejemplo si trasciende en el tiempo, etc. La jerarquía del valor se explica por la jerarquía del ser.

Si los valores son la base moral de la ideología de un partido, debemos ser consecuente con ellos, es decir respetarlos a ultranza, no tranzarlos por intereses del momento, o de la coyuntura en la promulgación de leyes, reglamentos, normas y sobre todo en la redacción de una nueva Constitución, que es la Carta Madre que encuadra los límites del hacer político de un país.

Todo esto es de la mayor importancia para el quehacer político de un país y las faltas son triplemente reprobables, a la hora de formarse juicios de valor sobre la política y más aún sobre los políticos.(en Chile tenemos una penosa experiencia reciente).

El poder entra en juego:   

Dentro de los valores más relevantes que se manejan en la política está la discutida cuestión del Poder, y su relación con el carácter y sentimientos del que lo ejerce.

El instinto de conservación y de sobrevivencia son el origen sicológico primitivo del “deseo de poder”. Este sentimiento es instintivo y nada podemos reprocharle desde este punto de vista; pero los homos sapiens, ahora “civilizados y evolucionados” pueden cultivarlo racionalmente para metas y logros distintos y distante de lo primitivo: es el deseo de poseer fuerza, superioridad y dominio sobre el resto de la gente. Es un fenómeno sicológico social, en cuanto es la relación del individuo (dominio-sumisión) y sus motivaciones con la sociedad circundante. Este es el punto donde deberían aplicarse los valores morales para controlarlo y dirimir hacia donde se dirige: el bien o el mal.

El “deseo” de poder no es un valor, es tan sólo un producto del mundo síquico -carácter, personalidad- de un individuo en cuanto a sus relaciones sociales, que puede tomar una vertiente positiva o negativa.

Nietzsche habla de “la satisfacción del deseo de poder, tanto al hacer el bien como al nacer el mal”. He aquí su relación con las emociones.

El poder moral es el que emana de la conducta ética del bien. Kant habla de “la moral del deber”, del que se deducen los demás: el “imperativo categórico”, o “el deber”, que es el tránsito a la moral del bien, o el fin del hombre.

La maldad es una acción como respuesta cuando el deseo de poder fracasa. Por otra parte, la compasión sólo es posible cuando se siente la certeza del dominio. El sadismo también se enlaza con el deseo del poder, en la medida que es una acción perversa para hacer sentir una supuesta y humillante superioridad.

En el pensamiento Aristotélico el concepto de poder se percibe más bien como noción de potencia: es el poder que tiene una cosa para producir cambios en la otra cosa.

Max Weber (Max W. sobre la ley en economía y la sociedad. Cambridge, Harward University Press), sociólogo alemán, dice “el poder es la posibilidad de imponer la voluntad de uno sobre la conducta de otras personas”.

El poder económico, político, militar, religioso son ejemplos que pugnan por el dominio de la sociedad, o por la conducción del Estado. Ahora ha surgido el poder del conocimiento científico y tecnológico, como uno de los más importantes en los próximos años del siglo XXI. Así, tenemos como la investigación científica está ocupando una especial atención en el mundo político.

La capacidad de organización cultural, económica y política de una sociedad es un potencial poder, que adecuadamente usado da dominio sobre otras sociedades menos organizadas; así nacieron y crecieron los grandes imperios, que ahora se les llama “del primer mundo”.

La historia del poder, o sea de quienes lo sustentaron es en el fondo la historia política de esta humanidad. Visto al revés: las grandes culturas, las grandes religiones, los ideales políticos más relevantes, lo fueron porque llegaron al poder y desde su ejercicio impusieron sus condiciones para escribir la historia.

Para que haya organización social debe existir conciencia de la “subordinación”. La cual debe darse en el ejercicio del poder, en las organizaciones comunales, etc., para que unos manden y así gobiernen y otros “reciban” ese mando para bien del grupo. Son los valores los que determinan los criterios para estructurar los niveles y cuantía de la subordinación. Es la jerarquización (según Max Scheler).

El hombre es un ser interiormente jerarquizado y unificado. así se va subordinando desde lo más material y limitado hasta lo más espiritual y amplio, el cual ejerce el dominio sobre la totalidad y da forma al conjunto. La sociedad necesita también de una jerarquía similar, para un correcto ordenamiento social.

Veamos ahora la palabra “política”. Tiene 3 significados:

  • Ciencia política, su estudio y conocimiento.
  • Acción política por parte de quienes se dedican a ella.
  • Acción dirigida según un programa y/o plan elaborado de antemano, y que no necesariamente tiene relación con ideología política. Es su acepción más restringida y puntual, por ejemplo: “la política de esta empresa comercial es …”)

El hombre es un animal político, en verdad, lo es el Homo Sapiens. El Homo Sapiens es una expresión que aparece por primera vez en la literatura, en la décima edición del Sistema Natural (sistemas de la naturaleza) de Linneo (1758). Justifica la palabra Sapiens por ese carácter consciente de la humanidad. (Vocabulario técnico y crítico de la Filosofía, El Ateneo, autor André Lalando).

Todo proyecto político debería aplicar las mismas leyes que usa la biología para comprender la evolución de las especies: diversidad, adaptación y selección. La democracia en su mejor expresión puede ser sometida a este análisis, así tenemos que:

  • Debe ser pluralista, concordante con la ley de la diversidad.
  • Debe tener capacidad de respuesta frente a las necesidades primarias de la sociedad (ley de la adaptación).
  • Que sus miembros tengan el derecho a elegir libremente sus fines, estrategias y sus representantes (ley de la selección)

La constitución política del Estado demarca en un país determinado los valores éticos más relevantes para ese pueblo de modo oficial y obligatorio. Esos valores éticos fueron distintos y hasta opuestos en las diferentes culturas del pasado. En el mundo actual se han “uniformado” más, o sea hay mayor consenso sobre ellos.

La declaración universal de los derechos humanos y sus anexos sobre los derechos de la mujer, del niño, etc., son códigos éticos de primera importancia en la sociedad actual. Podría decirse que la Ética hizo un “rayado de la cancha” para el ordenamiento político. En su texto se observa la importancia de la libertad, la justicia, la tolerancia, la igualdad, etc., para lograr el ordenamiento de una sociedad en un ambiente de paz y respeto.

Toda agrupación humana, para poder salir del estado primitivo, requiere formular un ordenamiento jurídico – Carta Magna, leyes, reglamentos y normas- que proteja los derechos e intereses de cada uno de los individuos.

Pero hay más; la organización jurídica de un pueblo debe, y de hecho lo está, basada en valores morales. Es la cultura de ese pueblo la que, en su devenir histórico, estructura sus valores morales. Diferentes corrientes políticas toman esos valores morales y conforman una línea de pensamiento coherente aplicado a su accionar en la política económico, cultural, educacional, etc. Los partidos y corrientes políticas son organizaciones operacionales que se nutren de la filosofía y la ética, para buscar consenso y dominio sobre la sociedad a que pertenezcan.

Hasta este momento hemos visto la íntima relación entre la filosofía, la ética, el poder, y la política, en una concatenación de razonamiento.

Así la ética, en cuanto es el juicio de apreciación del comportamiento en su relación con el fenómeno político, a mi juicio, merece abordarlo desde 3 ángulos: 1.- Responsabilidad personal del ciudadano frente a la vida política de la nación; 2.- La conducta moral de la sociedad, como el “todo de los hombres” frente al quehacer político de la nación; 3.-Finalmente, la conducta ética de quienes se dedican profesionalmente a ejercer cargos políticos, ya sea a nivel vecinal, comunal, parlamentario, etc.

Veamos algunos comentarios en cada caso:

El ciudadano debe asumir responsabilidad personal para ejercer, a través de los mecanismos de la democracia, de su derecho y obligación de manifestar su pensamiento en cuanto a las políticas económicas, laborales, de salud, educación, seguridad, etc. Su auto marginación de estos procesos, lo debería inhabilitar para ejercer la crítica negativa.

He aquí un principio ético en juego. Debemos asumir, tener conciencia, que la marcha política de un país es responsabilidad de todos y cada uno de los votantes. Es un acto de responsabilidad ciudadana. La solidaridad como valor está aquí en juego. El egoísmo, manifestado aquí como búsqueda y satisfacción del bien personal, sin importar el ajeno, es otro disvalor puesto en juicio.

La sociedad, como el conjunto de los ciudadanos insertos en ella, debe organizarse en los diferentes niveles, desde el vecinal hasta el parlamentario, para crear y desarrollar formas de consulta ciudadana, respetar y perpetuar tales mecanismos democráticos, de modo tal que permitan el correcto ejercicio del poder, por parte de las mayorías, con el debido respeto por las minorías. Esta sociedad debe ser responsable de sostener valores tan importantes como la libertad, el derecho a reunión y asociación, la tolerancia religiosa, racial y otras. Para ello es obligación de esta sociedad crear la legislación pertinente para asegurar su ejercicio pleno. Así podemos decir que hay una ética social.

Pero, para cumplir los dos puntos anteriores se necesitan personas que lleven a cabo la aglutinación de ideas y corrientes de pensamiento. Líderes sociales que plasmen toda esta organización social, a partir de la suma de pensamientos individuales: son los políticos.

Hombres que deben estar dotados de cualidades personales; sentido de servicio, solidarios, versados en temas legales, de mentalidad analítica en su forma de observar las conductas sociales. Este líder, es o debe ser, el que sume las inquietudes de la gente, aglutine pensamientos, aplique esquemas sociológicos, concilie idiosincrasias, culturas y estilos de vida, de acuerdo con “corrientes filosóficas de pensamiento ciudadano”, y genere finalmente lo que definiríamos como “partidos políticos”.

Un político debe tener valores tales como: ser veraz, sincero, buscar el bien común, sentido de servicio público, sensible al dolor ajeno. La gran crítica y desprestigio que tienen los políticos se debe a que sus ambiciones personales están primero y sólo se valen de la política para escalar y acumular riqueza.

Sus antivalores serían el egoísmo, el abuso del poder (que se nutre del egoísmo también), la intolerancia e indiferencia ante las minorías débiles, el lucro personal exagerado. Vivimos una crisis de valores, y es en la clase política en donde la gente comprueba que lo escrito en estas páginas no es relevante, o no les importa.

Si todo queda en nuestro mundo interior es un trabajo inconcluso. Recordemos que el fin último es participar activamente en el perfeccionamiento de la sociedad.